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Entender el territorio a través de quienes lo habitan

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Retrato de la máquina extractivista: el mapa del congelador

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Este artículo se publicó originalmente en macaronesico el 4 de enero de 2026 y se reproduce bajo licencia CC BY-SA 4.0.

Un taller para hacer en casa o en clase. Abrimos el congelador, leemos las etiquetas y convertimos lo que hay dentro en un mapa o un collage. Así se ve la cadena global que llega hasta una cocina de Canarias, y qué lugar ocupamos en ella.

En pocas palabras

Este es un taller para hacer a solas, en casa o en clase.

Abrimos el congelador y hacemos una foto, tal como está.

Leemos las etiquetas del pescado, la carne, las verduras o los platos preparados: de dónde viene cada cosa, dónde se envasó y qué empresa la vende. Lo que se congeló en casa también cuenta.

Llevamos esos lugares a un mapa, o recortamos la foto y pegamos cada producto en su origen.

Al final, el congelador queda casi vacío y el mapa se llena de líneas.

Esas líneas son la cadena en la que participamos cada día. El taller no busca culpables. Busca que la cadena se vea.

Descarga la ficha del taller (PDF). Tiene la tabla para anotar, un mapa del mundo, un mapa de la Macaronesia para lo que viene de cerca y las preguntas de cada paso.

Qué es la máquina extractivista

Hablamos de extractivismo cuando se saca valor de un territorio sin que quienes lo habitan puedan decidir sobre ese proceso. Suele imaginarse lejos: una mina, un pozo de petróleo, un barco factoría. Pero la máquina también llega hasta casa, y lo hace de forma ordenada, envasada y a 18 grados bajo cero.

En Canarias se vive desde los dos lados. Las islas son un territorio del que se extrae valor, sobre todo a través del turismo, y a la vez son un lugar que come, en gran parte, lo que otros territorios producen. Somos periferia y, al mismo tiempo, el último eslabón de cadenas que empiezan en otras periferias. Este taller trata de esa segunda parte, la que menos se cuenta.

Por qué el congelador

La nevera guarda lo de esta semana. El congelador guarda lo que ha viajado más lejos y lo que guardamos para más adelante. En cada casa es distinto: pescado, carne, verduras, pizzas y croquetas de fábrica, pan, fruta, y también tuppers con comida hecha en casa o con lo que trajo alguien de la familia. Muchos de esos productos han cruzado un océano y han pasado semanas en una cadena de frío que no se interrumpe: barco, puerto, almacén, camión, supermercado, casa.

Cada tipo de producto cuenta su viaje de una manera distinta, y eso también es parte del retrato. El pescado lleva escrito dónde se pescó. La carne, dónde se crio el animal y dónde se sacrificó. Las verduras y los platos preparados casi nunca dicen de dónde viene lo que llevan dentro. Y lo que se congeló en casa no tiene etiqueta, pero sí una historia que alguien de la casa conoce.

El congelador guarda lo que ha viajado más lejos. Sus etiquetas dicen, en letra pequeña, qué territorios y qué manos hay detrás. Y a veces lo que más dice es lo que callan.

El taller tiene tres tiempos: mirarse, situarse y decidir. Cada uno cabe en una sesión de clase o en una tarde.

1. Mirarse: abrir el congelador

Haz una foto del congelador tal como está. No lo ordenes ni saques lo que te dé vergüenza. La foto es el punto de partida: un retrato, no de tu casa, sino de la máquina vista desde tu cocina.

Después, saca los productos uno a uno y anota en la tabla de la ficha:

  • Qué es. Langostinos, pechugas de pollo, guisantes, croquetas, un tupper de potaje…
  • Origen. Lo que diga la etiqueta sobre dónde se produjo: el país, la zona de pesca o dónde se crio el animal.
  • Envasado en. El lugar donde se preparó. A menudo no coincide con el origen.
  • Quién lo vende. La marca y, si aparece, la empresa y su ciudad.
  • Lo que no dice. Hay etiquetas que no dan ningún origen. Anótalo también: la falta de información es un dato.

En pocos minutos cada producto deja de ser un objeto y pasa a ser tres lugares: donde se produjo, donde se preparó y donde está la empresa que se queda con el margen.

Cómo leer cada etiqueta

  1. Pescado y marisco. Busca la «zona de captura»: aparece como «Atlántico Centro-Oriental (FAO 34)» o solo con el número. Canarias está en la zona 34, que va desde el estrecho de Gibraltar hasta el golfo de Guinea y en la que pescan flotas de medio mundo frente a Marruecos, el Sáhara Occidental y Mauritania. La Comisión Europea tiene un mapa de cada zona. Mira también si pone «capturado» o «criado» (acuicultura) y el arte de pesca: arrastre, cerco, palangre…
  2. Carne. En la de vacuno la etiqueta dice dónde nació, dónde se crio y dónde se sacrificó el animal. En la de cerdo, cordero, cabra y aves, dónde se crio y dónde se sacrificó. Esas líneas ya dibujan un recorrido. Si puedes, busca también de dónde viene el pienso: la soja y el maíz con que se alimenta al ganado suelen cruzar el océano.
  3. Verduras, fruta y platos preparados. Las pizzas, las croquetas o los salteados casi nunca dicen de dónde vienen sus ingredientes, y las verduras congeladas a menudo solo dicen dónde se envasaron. Anota lo que haya y apunta el resto en «lo que no dice».
  4. Lo que se congeló en casa. No tiene etiqueta, así que pregunta: ¿de dónde salió? ¿Del mercado, del supermercado, de una huerta, de la pesca de alguien de la familia? ¿Quién lo cocinó? Suele ser lo más cercano del congelador, y recuerda que la cadena también pasa por un trabajo que casi nunca se cuenta: el de quien compra, cocina y guarda.
  5. Separa siempre el origen del envasado. «Envasado en España» no quiere decir que se haya producido en España.

2. Situarse: del envase al mapa

Ahora toca llevar lo anotado a un mapa. Aquí proponemos trabajar como lo hacen algunas prácticas del arte contemporáneo: usar el mapa y el collage no para decorar, sino para hacer visible una relación que no se ve. Elige una de estas tres formas, o combínalas.

El congelador vaciado (collage)

Imprime la foto del congelador. Recorta cada producto y pégalo sobre el mapa de la ficha, en su lugar de origen. Lo que viene de las islas, de la costa africana o de la península va en el segundo mapa, el de la Macaronesia. Deja en la foto el hueco que ha dejado cada recorte.

Al acabar tendrás dos imágenes: un congelador lleno de huecos y un mapa lleno de envases. El collage lo inventaron artistas como Hannah Höch, que recortaba revistas para mostrar lo que las imágenes ocultaban. Aquí sirve para lo mismo.

El mapa de hilos

Clava la ficha en un corcho o en la pared. Pon una chincheta en Canarias y otra en cada origen, y únelas con hilo. Usa un color para el origen, otro para el lugar de envasado y otro para la sede de la empresa.

Mark Lombardi dibujaba así las redes del dinero: líneas que unen bancos, empresas y personas. En tu mapa, un solo producto puede tener tres hilos que salen hacia tres puntos del planeta. Lo que parecía una línea es una red.

El mapa al revés

Dibuja el mapa con el sur arriba y Canarias en el centro. En 1943, el uruguayo Joaquín Torres-García dibujó América del Sur invertida con una frase: «Nuestro norte es el sur». Ningún mapa es neutral. El de la ficha usa una proyección que respeta el tamaño real de los continentes; en el mapa de Mercator, el más habitual, África parece más o menos del tamaño de Groenlandia, cuando es unas catorce veces mayor. Cambiar dónde está el centro obliga a preguntarse quién mira, desde dónde y a quién se deja en el borde.

Poner nombre a los lugares

Con el mapa hecho, elige uno de los lugares de origen y busca una noticia reciente sobre él: una huelga, un conflicto por el agua, una protesta de pescadores, una sentencia. No se trata de probar que ese producto concreto causó ese conflicto. Se trata de que el origen deje de ser un punto neutro y pase a ser un lugar donde vive gente.

Un ejemplo cercano: en octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea confirmó la anulación de los acuerdos de pesca y comercio con Marruecos, porque se aplicaban al Sáhara Occidental sin el consentimiento de su pueblo. Es la pregunta de este taller, llevada a un tribunal: quién decide sobre lo que se saca de un territorio.

3. Decidir: qué margen hay

La última parte es la más difícil y la más corta. Mirando el mapa, responde:

  • ¿Qué producto tiene una alternativa real en las islas? Real quiere decir que se puede pagar, que está cerca y que no pide un tiempo que no tenemos.
  • ¿Cuál no la tiene? Anótalo sin culpa. Que no haya alternativa también es un dato sobre el territorio.
  • ¿Qué depende de mí y qué depende de una decisión colectiva? Lo que se sirve en un comedor escolar, lo que compra un hospital o dónde se pueden vender las capturas de la flota artesanal no se decide en la caja del supermercado.
  • Una decisión propia y una colectiva. Escribe una cosa que puedes cambiar tú y una que habría que pedir juntas y juntos, y a quién.

No hay gestos heroicos ni salidas limpias. Hay pequeños desplazamientos. No son soluciones: son fricciones en la máquina.

En clase

El taller funciona bien con grupos de cuatro o cinco personas, a partir de 3.º de ESO.

  • Antes de la sesión, cada persona hace la foto de su congelador y rellena la tabla en casa. Quien no quiera mostrar su casa puede traer la tabla sin la foto, o usar el congelador de una tienda.
  • Sesión 1 (50 minutos). Cada grupo junta sus tablas y hace un mapa común con los hilos o el collage. Suele funcionar mejor un mapa grande en papel continuo.
  • Sesión 2 (50 minutos). Cada grupo elige un lugar del mapa, busca una noticia y la presenta en dos minutos. Se cierra con la parte de decidir, en común.

Preguntas para la puesta en común: ¿qué lugar se repite más? ¿Qué productos no dicen de dónde vienen? ¿Hay algo que venga de Canarias? ¿Cambia algo si ponemos el sur arriba?

Cómo sería diferente

  • Otro sitio de la casa. La despensa lleva a otras cadenas: el arroz, el café, el aceite, el azúcar. La repisa de la puerta de la nevera, con sus salsas y zumos, da menos información: muchas etiquetas solo dicen dónde se envasaron.
  • Otra definición de «de aquí». Un producto envasado en Canarias puede venir de muy lejos, y uno pescado en la zona 34 puede haberse descargado en otro continente. Decidir qué cuenta como local cambia mucho el mapa.
  • Otra escala. El mismo ejercicio con el congelador de un comedor escolar, de un bar o de un hotel pasa de lo que decide una familia a lo que decide una institución o una empresa.

Compartir sin exhibirse

Si quieres compartir el resultado, hazlo de forma sobria: una foto del mapa o del collage y una frase sencilla, con la etiqueta #ElExtractivismoEmpiezaAqui. No como campaña, sino como un archivo colectivo repartido por muchas casas y aulas. Si trabajas en un centro educativo y quieres que publiquemos el mapa de tu clase, escríbenos.

Fuentes


Nota editorial (26/09/2026). Esta pieza se publicó en enero de 2026 como «Cómo no ser parte de la maquinaria extractivista (I)», primera parte de una serie. La hemos rehecho como taller: el ejercicio pasa de la repisa de la puerta de la nevera al congelador, que conecta mejor con la cadena global, y añade el mapa, el collage y una ficha descargable. El marco desde el que escribimos está en macaronesico: un laboratorio para pensar desde el archipiélago.